Este es
uno de los álbumes indispensables de la historia del rock. Me da igual qué tipo
de rock te guste o no, ya que estos tíos son capaces de bordarlo a través de
hermosas melodías como “Disarm”, o contundentes arrebatos de furia como “Silverfuck”.
Smashing Pumpkins está englobado en general como banda de Rock Alternativo, pero puede cubrir muchos
subgéneros del rock, dentro de su estilo, particularmente el Grunge, Hard Rock,
Dream Pop (o lo que en su momento fue la mezcla de rock progresivo, clásico y glam rock)…
Una amalgama magníficamente reflejada en un sólido segundo álbum.
Igualmente,
es un álbum que suena puro y desarreglado, en un estilo garajero, pero aún así,
enormemente bien producido por Butch Vig (productor de bandas como Nirvana y más recientemente de Muse, y quien también es alma creativa de Garbage). Comparémoslo por ejemplo con otra joya de su época,
como lo fue “Nevermind”, y veremos que la diferencia y calidad de sonido es
evidente, para un álbum que a excepción de un par de temas, necesitó arreglos
mínimos.
Comenzando
desde los primeros compases de “Cherub Rock”, los riffs de guitarra agresivos y
la batería de Jimmy Chamberlin marcan el tono de un álbum que será en su gran
mayoría una explosión de energía. Las voces de Billy Corgan, primero aniñado,
casi gimiendo, y luego furioso, describen un tono rebelde. “Quiet”, le sigue el
hilo completamente, con esos cambios que también veremos en una de las mejores
baterías de la década de los 90.
“Today”
es el primer himno, comercialmente hablando. Lógicamente es más lento para
haber lograr el favor de las radios, y con un mensaje bastante filosófico… “hoy
es el día más grande que he conocido…”. No con ello dejamos de escuchar la
guitarra de James Iha acompañando en ese tono que araña a lo largo de todo el
álbum. “Hummer” muestra las diversas fases que tiene The Smashing Pumpkins para
hacer rock: desde un ritmo rápido y enérgico, cargado de guitarras intensivas,
hasta fases de letargo, melancolía que sirven de referencia al posterior género
del “Post-Rock”.
“Rocket”
muestra versatilidad en un ritmo más lento, con un Billy Corgan más contenido,
y el bajo de D’Arcy marcando el tono. Es también de los 2 o 3 temas más
arreglados del álbum, con algunos efectos y teclados. Sigue siendo especialmente
efectiva y omnipresente la batería de Chamberlin en un tema que trae recuerdos
de rock de los 70.
El
segundo himno (de nuevo comercialmente hablando) es “Disarm”. En un tema casi
acústico donde abunda la guitarra y los violines. Las campanas aportan un tono más
dramático: una historia de desamor juvenil quizás? Con todo esto, de las canciones
más grandiosas del grupo, sobre todo, en cuanto al tono, melodía y producción.
En este tono, también disfrutaremos del tema “Spaceboy”, ya en el último cuarto
del álbum.
“Soma”
te de la idea de dónde salieron bandas como Mogwai o Sigur Rós, por ejemplo. Un
rock atmosférico, pausado, simple pero increíblemente parsimonioso y
sincronizado al mismo tiempo. Relajado al principio, pero angustioso en el
estribillo, buscando justificar ese dolor del que habla en la letra (todo el álbum trata de problemas, tristezas... Billy Corgan estaba pasando por etapas depresivas intensas en esa época), y
necesitando algo que minore dicho dolor… “hasta el amargo fin del mundo…”.
Y con “Geek
U.S.A.” viene mi parte favorita del álbum: una seguidilla de guitarras y
batería que recupera el ritmo en el álbum… aún así. Tiene una sección
intermedia como nos acostumbran, con un punto etéreo, para luego cerrar de
forma brillante con un solo salvaje de guitarra de Corgan, acopañado de Iha, y
un cierre metálico, al más puro estilo del hard rock que ellos también saben
ejecutar con maestría.
“Mayonaise”
es de mis temas favoritos (aunque me gusta casi todo el álbum), comenzando con
una guitarra eléctrica, pero muy sutil. Punteando con delicadeza, se van
añadiendo bajo y batería, en un tema suave, pero con un fondo de guitarra que
mantiene ese elemento crudo, casi garajero, siempre presente… Más letras sobre lamentos,
tristeza, y los demonios interiores.
En “Silverfuck”
encontramos lo que sería un final de fuegos artificiales, con una percusión
envolvente y completamente hiperactiva. Tambores que resuenan el primer minuto
para luego arrancar con una descarga de ritmo y guitarras… Se puede imaginar la
rabia en letras como “He tirado mi vida, y no siento dolor”… los cambios de
ritmos son frenéticos y constantes, con frenazos y arrancadas, con guitarras
rasgando por doquier y solos sucediéndose una y otra vez. Y especialmente esos
3 minutos de calma…. Hasta que llega la traca final. Lo dicho. Para mí sería un
final perfecto!
Sin
embargo, el álbum termina con unos “Sweet Sweet” y “Luna” que te bajan el ritmo
cardíaco, algo así como para que no termines con arritmia cuando termines de escuchar el
álbum. A mí no me parece necesario. Veo más este álbum como un estallido de
energía y rabia a partes iguales, con momentos dulces y hermosos, aunque
melancólicos… El álbum debería haber cerrado con el gran golpe de “Silverfuck”.
Aún así, es para mí un álbum absolutamente perfecto.
Escucha íntegramente el álbum en su edición especial remasterizada, de forma gratuita en Spotify...
Género: Rock Alternativo
Puntuación: 10/10. Disco imprescindible si te gusta el rock en cualquier vertiente.






